martes, 10 de octubre de 2017

DECLARACIÓN DE LOS REPRESENTANTES DE CATALUNYA


El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, su Govern y los diputados de Junts pel Sí, incluida la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y de la CUP se han reunido en el auditorio del Parlament de Catalunya para firmar un documento que anuncia la declaración de independencia de Catalunya.

Este es el contenido íntegro de la declaración de independencia en castellano. Consulta la versión original en catalán al final del texto.


DECLARACIÓN DE LOS REPRESENTANTES DE CATALUNYA

Al pueblo de Catalunya y a todos los pueblos del mundo.

La justicia y los derechos humanos individuales y colectivos intrínsecos, fundamentos irrenunciables que dan sentido a la legitimidad histórica y la tradición jurídica e institucional de Catalunya, son la base de la constitución de la República catalana.

La nación catalana, su lengua y su cultura tienen mil años de historia. Durante siglos, Catalunya se ha dotado y ha disfrutado de instituciones propias que han ejercido el autogobierno con plenitud, con la Generalitat como máxima expresión de los derechos históricos de Catalunya. El parlamentarismo ha sido, durante los períodos de libertad, la columna sobre la que se han sustentado estas instituciones, se ha canalizado a través de las Cortes Catalanas y y ha cristalizado en las Constituciones de Catalunya.

Catalunya restaura hoy su plena soberanía, perdida y largamente anhelada, tras décadas de intentar, honestamente y lealmente, la convivencia institucional con los pueblos de la península ibérica.

Desde la aprobación de la Constitución española de 1978, la política catalana ha tenido un papel clave con una actitud ejemplar, leal y democrática para con España, y con un profundo sentido de Estado.

El estado español ha respondido a esta lealtad con la denegación del reconocimiento de Catalunya como nación; y ha concedido una autonomía limitada, más administrativa que política y en proceso de recentralización; un tratamiento económico profundamente injusto y una discriminación lingüística y cultural.

El Estatuto de Autonomía, aprobado por el Parlamento y el Congreso, y refrendado por la ciudadanía catalana, debía ser el nuevo marco estable y duradero de relación bilateral entre Catalunya y España. Pero fue un acuerdo político roto por la sentencia del Tribunal Constitucional y que hace emerger nuevas reclamaciones ciudadanas.

Recogiendo las demandas de una gran mayoría de ciudadanos de Catalunya, el Parlamento, el Gobierno y la sociedad civil han pedido repetidamente acordar la celebración de un referéndum de autodeterminación.

Ante la constatación de que las instituciones del Estado han rechazado toda negociación, han violentado el principio de democracia y autonomía, y han ignorado los mecanismos legales disponibles en la Constitución, la Generalitat de Catalunya ha convocado un referéndum para el ejercicio del derecho a la autodeterminación reconocido en el derecho internacional.

La organización y celebración del referéndum ha comportado la suspensión del autogobierno de Catalunya y la aplicación de facto del estado de excepción.

La brutal operación policial de carácter y estilo militar orquestada por España contra ciudadanos catalanes ha vulnerado, en muchas y repetidas ocasiones, sus libertades civiles y políticas y los principios de los Derechos Humanos, y ha contravenido los acuerdos internacionales firmados y ratificados por el Estado español.

Miles de personas, entre las que hay cientos de cargos electos e institucionales y profesionales vinculados al sector de la comunicación, la administración y la sociedad civil, han sido investigadas, detenidas, querelladas, interrogadas y amenazadas con duras penas de prisión.

Las instituciones españolas, que deberían permanecer neutrales, proteger los derechos fundamentales y arbitrar ante del conflicto político, se han convertido en parte e instrumento de estos ataques y han dejado indefensa a la ciudadanía de Catalunya.

A pesar de la violencia y la represión para intentar impedir la celebración de un proceso democrático y pacífico, los ciudadanos de Catalunya han votado mayoritariamente a favor de la constitución de la República catalana.

La constitución de la República catalana se fundamenta en la necesidad de proteger la libertad, la seguridad y la convivencia de todos los ciudadanos de Catalunya y de avanzar hacia un Estado de derecho y una democracia de más calidad, y responde al impedimento por parte del estado español de hacer efectivo el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

El pueblo de Catalunya es amante del derecho, y el respeto a la ley es y será una de las piedras angulares de la República. El estado catalán acatará y hará cumplir legalmente todas las disposiciones que conforman esta declaración y garantiza que la seguridad jurídica y el mantenimiento de los acuerdos suscritos formará parte del espíritu fundacional de la República catalana.

La constitución de la República es una mano tendida al diálogo. Haciendo honor a la tradición catalana del pacto, mantenemos nuestro compromiso con el acuerdo como forma de resolver los conflictos políticos. Asimismo, reafirmamos nuestra fraternidad y solidaridad con el resto de pueblos del mundo y, en especial, con aquellos con los que compartimos lengua y cultura y la región euromediterránea en defensa de las libertades individuales y colectivas.

La República catalana es una oportunidad para corregir los actuales déficits democráticos y sociales y construir una sociedad más próspera, más justa, más segura, más sostenible y más solidaria.

En virtud de todo lo que se acaba de exponer, nosotros, representantes democráticos del pueblo de Catalunya, en el libre ejercicio del derecho de autodeterminación, y de acuerdo con el mandato recibido de la ciudadanía de Catalunya,

CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social.

DISPONEMOS la entrada en vigor de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República.

INICIAMOS el proceso constituyente, democrático, de base ciudadana, transversal, participativo y vinculante.

AFIRMAMOS la voluntad de abrir negociaciones con el estado español, sin condicionantes previos, dirigidas a establecer un régimen de colaboración en beneficio de ambas partes. Las negociaciones deberán ser, necesariamente, en pie de igualdad.

PONEMOS EN CONOCIMIENTO de la comunidad internacional y las autoridades de la Unión Europea la constitución de la República catalana y la propuesta de negociaciones con el estado español.

INSTAMOS a la comunidad internacional y las autoridades de la Unión Europea a intervenir para detener la violación de derechos civiles y políticos en curso, y hacer el seguimiento del proceso negociador con el Estado español y ser testigos.

MANIFESTAMOS la voluntad de construcción de un proyecto europeo que refuerce los derechos sociales y democráticos de la ciudadanía, así como el compromiso de seguir aplicando, sin solución de continuidad y de manera unilateral, las normas del ordenamiento jurídico de la Unión Europea y las del ordenamiento de España y del autonómico catalán que transponen esta normativa.

AFIRMAMOS que Catalunya tiene la voluntad inequívoca de integrarse lo más rápidamente posible a la comunidad internacional. El nuevo Estado se compromete a respetar las obligaciones internacionales que se aplican actualmente en su territorio y continuar siendo parte de los tratados internacionales de los que es parte el Reino de España.

APELAMOS a los Estados y las organizaciones internacionales a reconocer la República catalana como Estado independiente y soberano.

INSTAMOS al Govern de la Generalitat a adoptar las medidas necesarias para hacer posible la plena efectividad de esta Declaración de independencia y de las previsiones de la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República.

HACEMOS un llamamiento a todos y cada uno de los ciudadanos de la República catalana a hacernos dignos de la libertad que nos hemos dado y construir un Estado que traduzca en acción y conducta las inspiraciones colectivas.

Los legítimos representantes del pueblo de Catalunya:

Barcelona, ​​10 de octubre de 2017

martes, 3 de octubre de 2017

Mensaje de Su Majestad el Rey Palacio de La Zarzuela, 3 de octubre de 2017


Buenas noches,

Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida
democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme
directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos
de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la
pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada
−ilegalmente−la independencia de Cataluña.
Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña,
de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido
incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que
es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones
históricas y su autogobierno.
Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las
normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una
deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado
al que, precisamente, esas autoridades representan en
Cataluña.
Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de
Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la
propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a
dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los
sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto
de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso
pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de
Cataluña y de toda España.
En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un
inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas
de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda,
se han situado totalmente al margen del derecho y de la
democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la
soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a
decidir democráticamente su vida en común.
Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que
requiere el firme compromiso de todos con los intereses
generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del
Estado asegurar el orden constitucional y el normal
funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de
Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la
Constitución y en su Estatuto de Autonomía.
Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los
españoles, particularmente a los catalanes

A los ciudadanos de Cataluña –a todos− quiero reiterarles que
desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que
ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona
pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque,
como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia
democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el
resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España
constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio
de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.
Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación
y gran inquietud con la conducta de las autoridades
autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están
solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad
del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro
Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus
derechos.
Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y
tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de
tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.
Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos
muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en
nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque

nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo
son porque están basados en el deseo de millones y millones de
españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido
construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos
seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese
camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará
también Cataluña.
Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español,
para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona
con la Constitución y con la democracia, mi entrega al
entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso
como Rey con la unidad y la permanencia de España.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Donald Trump discurso ante la asamblea general 2017

Presidente Trump: Sr. Secretario General, Señor Presidente, líderes mundiales y distinguidos delegados: Bienvenidos a Nueva York. Es un honor profundo estar aquí en mi ciudad natal como representante del pueblo estadounidense para dirigirme a los pueblos del mundo.

Mientras millones de nuestros ciudadanos continúan sufriendo los efectos de los devastadores huracanes que han azotado nuestro país, quiero comenzar expresando mi agradecimiento a todos los líderes que se encuentran en esta sala que han ofrecido asistencia y ayuda. El pueblo estadounidense es fuerte y resistente, y saldrá de estas dificultades más decidido que nunca.

Afortunadamente, Estados Unidos ha tenido muy buen desempeño desde el día de las elecciones el pasado 8 de noviembre. El mercado de valores se encuentra en los niveles más altos de todos los tiempos –un récord. El desempleo está en su nivel más bajo en 16 años, y debido a nuestras reformas regulatorias, entre otras, hoy tenemos más personas trabajando en los Estados Unidos que nunca antes. Las empresas están regresando, lo que ha generado un crecimiento del empleo como el que no había visto nuestro país en mucho tiempo. Y acaba de anunciarse que gastaremos casi $700 mil millones en temas militares y de defensa.

Nuestro ejército pronto será el más fuerte que haya existido. Durante más de 70 años, en tiempos de guerra y paz, los líderes de naciones, movimientos y religiones se han presentado ante esta asamblea. Al igual que ellos, tengo la intención de abordar algunas de las serias amenazas que tenemos ante nosotros hoy día, pero también el enorme potencial que espera ser desatado.

Vivimos en tiempos de extraordinarias oportunidades. Los avances en la ciencia, la tecnología y la medicina están curando enfermedades y resolviendo problemas que las generaciones anteriores creían imposibles de resolver.

Pero cada día también trae noticias de peligros crecientes que amenazan todo lo que apreciamos y valoramos. Terroristas y extremistas han aunado fuerzas y se han propagado por todas las regiones del planeta. Los regímenes canallas representados en este organismo no solo apoyan a los terroristas, sino que amenazan a otras naciones y a su propio pueblo con las armas más destructivas que la humanidad haya conocido.

La autoridad y los poderes autoritarios pretenden colapsar los valores, los sistemas y las alianzas que evitaron los conflictos e inclinaron al mundo hacia la libertad desde la Segunda Guerra Mundial.

Las redes criminales internacionales trafican drogas, armas, personas; obligan a la dislocación y a la migración masiva; amenazan nuestras fronteras; y las nuevas formas de agresión explotan la tecnología para amenazar a nuestros ciudadanos.

Dicho de manera simplificada, nos encontramos en un momento de inmensas promesas y grandes riesgos. Depende totalmente de nosotros si llevamos al mundo a nuevos niveles, o lo dejamos caer en un valle de deterioro.

Está en nuestras manos, si así lo decidimos, sacar a millones de la pobreza, ayudar a nuestros ciudadanos a realizar sus sueños y garantizar que las nuevas generaciones de niños crezcan libres de violencia, odio y miedo.

Esta institución fue fundada luego de las dos guerras mundiales para ayudar a conformar este futuro mejor. Se basó en la visión de que diversas naciones podrían cooperar para proteger su soberanía, preservar su seguridad y promover su prosperidad.

Fue en el mismo período, hace exactamente 70 años, que los Estados Unidos desarrollaron el Plan Marshall para ayudar a restablecer Europa. Esos tres bellos pilares -son pilares de paz, soberanía, seguridad y prosperidad.

El Plan Marshall fue construido a partir de la noble idea de que el mundo entero es más seguro cuando las naciones son fuertes, independientes y libres. Como dijera el Presidente Truman en su mensaje al Congreso en ese momento: «Nuestro apoyo a la recuperación europea está totalmente en consonancia con nuestro apoyo a las Naciones Unidas. El éxito de las Naciones Unidas depende de la fuerza independiente de sus miembros».

En aras de afrontar los peligros del presente y hacer realidad la promesa del futuro, debemos comenzar con la sabiduría del pasado. Nuestro éxito depende de una coalición de naciones fuertes e independientes que abracen su soberanía para promover la seguridad, la prosperidad y la paz para sí mismos y para el mundo.

No esperamos que los diversos países compartan las mismas culturas, tradiciones o incluso sistemas de gobierno. Pero sí esperamos que todas las naciones defiendan estos dos deberes soberanos fundamentales: respetar los intereses de su propio pueblo y los derechos de cualquier otra nación soberana. Esta es la hermosa visión de esta institución, y estos son los cimientos para la cooperación y el éxito.

Las naciones fuertes y soberanas permiten que diversos países con distintos valores, distintas culturas y distintos sueños no solo coexistan, sino que trabajen juntos sobre la base del respeto mutuo.

Las naciones fuertes y soberanas permiten a su pueblo tomar posesión del futuro y controlar su propio destino. Y las naciones fuertes y soberanas permiten que los individuos florezcan en la plenitud de la vida deseada por Dios.

En los Estados Unidos no buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, sino dejarlo brillar como un ejemplo para que todos lo vean. Esta semana brinda a nuestro país una razón especial para estar orgullosos de ese ejemplo. Estamos celebrando el 230 aniversario de nuestra amada Constitución, la constitución más antigua que aún se encuentra vigente en el mundo de hoy.

Este documento imperecedero ha sido el fundamento de la paz, la prosperidad y la libertad para los estadounidenses y para incontables millones de personas en todo el mundo cuyos países han encontrado inspiración en su respeto a la naturaleza humana, la dignidad humana y el imperio de la ley.

Lo más grande en la Constitución de los Estados Unidos son sus tres primeras hermosas palabras, que son: «Nosotros el pueblo».

Generaciones de estadounidenses se han sacrificado para mantener la promesa de esas palabras, la promesa de nuestro país, y de nuestra gran historia. En los Estados Unidos, el pueblo gobierna, el pueblo manda, y el pueblo es soberano. Yo fui elegido no para tomar el poder, sino para dar poder al pueblo estadounidense, a quien pertenece.

En asuntos exteriores, estamos renovando este principio fundacional de soberanía. El primer deber de nuestro gobierno es para con su pueblo, nuestros ciudadanos, para servir a sus necesidades, garantizar su seguridad, preservar sus derechos y defender sus valores.

Como Presidente de los Estados Unidos, siempre pondré a Estados Unidos en primer lugar, al igual que ustedes, como líderes de sus países siempre pondrán y siempre deberán poner a sus países en primer lugar. (Aplausos)

Todos los líderes responsables tienen la obligación de servir a sus propios ciudadanos, y el estado-nación sigue siendo el mejor medio para elevar la condición humana.

Sin embargo, lograr una vida mejor para nuestro pueblo también requiere que trabajemos juntos en estrecha armonía y unidad para crear un futuro más seguro y pacífico para todas las personas.

Estados Unidos será por siempre un gran amigo del mundo, y especialmente de sus aliados. Pero ya no se puede tomar ventaja o entrar en un acuerdo unilateral donde Estados Unidos no obtenga nada a cambio. En tanto me mantenga en este puesto, defenderé los intereses de Estados Unidos por encima de todo lo demás.

Sin embargo, en el cumplimiento de nuestras obligaciones con nuestras propias naciones, también nos percatamos de que resulta de interés para todos buscar un futuro donde todas las naciones puedan ser soberanas, prósperas y seguras.

Estados Unidos hace más que hablar por los valores expresados en la Carta de las Naciones Unidas. Nuestros ciudadanos han pagado el precio más alto para defender nuestra libertad y la libertad de muchas naciones representadas en esta gran sala. La devoción de Estados Unidos se mide en los campos de batalla donde nuestros jóvenes, hombres y mujeres, han luchado y se han sacrificado junto a nuestros aliados, desde las playas de Europa hasta los desiertos de Oriente Medio y las selvas de Asia.

Resulta un eterno motivo de orgullo para el carácter estadounidense que incluso después de que nosotros y nuestros aliados salimos victoriosos de la guerra más sangrienta de la historia, no buscamos la expansión territorial ni intentamos oponernos e imponer nuestro modo de vida a los demás. En cambio, ayudamos a construir instituciones como ésta para defender la soberanía, la seguridad y la prosperidad de todos.

Para las diversas naciones del mundo, esta es nuestra esperanza. Queremos armonía y amistad, no conflictos ni luchas. Nos guiamos por los resultados, no por la ideología. Tenemos una política de realismo de principios, arraigada en objetivos, intereses y valores compartidos.

Ese realismo nos obliga a enfrentar esta pregunta frente a todos los líderes y naciones en esta sala. Es una pregunta que no podemos evadir ni evitar. ¿Caeremos en el camino de la complacencia, insensibles ante los retos, las amenazas e incluso las guerras que enfrentamos, o contamos con suficiente fuerza y orgullo para enfrentar esos peligros hoy para que nuestros ciudadanos puedan disfrutar de paz y prosperidad mañana?

Si deseamos levantar a nuestros ciudadanos, si aspiramos a la aprobación de la historia, entonces debemos cumplir con nuestros deberes soberanos para con el pueblo que fielmente representamos. Debemos proteger a nuestras naciones, sus intereses y su futuro. Debemos rechazar las amenazas a la soberanía desde Ucrania hasta el Mar de China Meridional. Debemos defender el respeto de la ley, el respeto de las fronteras y el respeto a la cultura, y el compromiso pacífico que estos posibilitan. Y así como pretendieron los fundadores de este organismo, debemos trabajar juntos y enfrentar juntos a aquellos que nos amenazan con el caos, la confusión y el terror.

El flagelo de nuestro planeta hoy día es un pequeño grupo de regímenes canallas que violan todos los principios en los que se basan las Naciones Unidas. No respetan a sus propios ciudadanos ni los derechos soberanos de sus países.

Si los muchos justos no se enfrentan a los pocos perversos, entonces el mal triunfará. Cuando las personas decentes y las naciones se convierten en espectadores de la historia, las fuerzas de la destrucción solo acumulan poder y fuerza.

Nadie ha mostrado más desprecio por otras naciones y por el bienestar de su propio pueblo que el depravado régimen de Corea del Norte. Es responsable de las muertes por hambre de millones de norcoreanos, y por el encarcelamiento, la tortura, el asesinato y la opresión de muchos más.

Todos fuimos testigos del abuso mortal del régimen cuando Otto Warmbier, un estudiante universitario estadounidense inocente, fue devuelto a los Estados Unidos solo para morir unos días después. Lo vimos en el asesinato del hermano del dictador usando agentes neurotóxicos prohibidos en un aeropuerto internacional. Sabemos que secuestró a una dulce niña japonesa de 13 años en una playa de su propio país para esclavizarla como tutora de idiomas para los espías de Corea del Norte.

Si esto no resulta lo suficientemente torcido, ahora el imprudente desarrollo de armas nucleares y misiles balísticos por parte de Corea del Norte amenaza al mundo entero con inconcebibles pérdidas de vidas humanas.

Es indignante que algunas naciones no solo comercien con ese régimen, sino que armen, suministren y apoyen financieramente a un país que pone en peligro al mundo con conflictos nucleares. Ninguna nación en la tierra tiene interés en ver a esta banda de criminales armarse con armas nucleares y misiles.

Estados Unidos tiene gran fuerza y paciencia, pero si se ve obligado a defenderse a sí mismo o a sus aliados, no tendremos más remedio que destruir totalmente a Corea del Norte. Rocket Man está en una misión suicida para sí y para su régimen. Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz, pero espero que esto no sea necesario. De eso se tratan las Naciones Unidas; para eso están las Naciones Unidas. Veamos cómo lo hacen.

Es hora de que Corea del Norte se percate de que la desnuclearización es su único futuro aceptable. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas celebró recientemente dos votaciones unánimes de 15 votos a 0, aprobando resoluciones enérgicas contra Corea del Norte, y quiero agradecer a China y a Rusia por unirse a la votación para imponer sanciones, junto con todos los demás miembros del Consejo de Seguridad. Gracias a todos los involucrados.

No obstante, debemos hacer mucho más. Es hora de que todas las naciones trabajen de conjunto para aislar al régimen de Kim hasta que cese su comportamiento hostil. Nos enfrentamos a esta decisión no solo en Corea del Norte. Ya es hora de que las naciones del mundo se enfrenten a otro régimen imprudente –que habla abiertamente de asesinatos en masa, promete la muerte a Estados Unidos, la destrucción de Israel y la ruina de muchos líderes y naciones en esta sala.

El gobierno iraní enmascara una dictadura corrupta tras la falsa apariencia de una democracia. Ha convertido a un país acaudalado, con una rica historia y cultura, en un país canalla agotado económicamente, cuyas principales exportaciones son la violencia, el derramamiento de sangre y el caos. Las víctimas de los líderes de Irán con un sufrimiento más prolongado son, de hecho, su propio pueblo.

En lugar de utilizar sus recursos para mejorar las vidas de los iraníes, sus ganancias petroleras son destinadas a financiar a Hezbollah y a otros terroristas que matan a musulmanes inocentes y atacan a sus pacíficos vecinos árabes e israelíes. Esta riqueza, que justamente corresponde al pueblo iraní, también fortalece a la dictadura de Bashar al-Assad, alimenta la guerra civil de Yemen y socava la paz en todo Oriente Medio.

No podemos permitir que un régimen asesino continúe con tales actividades desestabilizadoras mientras construyen misiles peligrosos, y no podemos cumplir un acuerdo si éste ofrece cobertura para la posterior construcción de un programa nuclear. (Aplausos.) El acuerdo con Irán fue una de las peores transacciones y más unilaterales que los Estados Unidos hayan hecho. Francamente, ese trato es una vergüenza para los Estados Unidos, y no creo que hayan escuchado la última parte, créanme.

Es hora de que el mundo entero se una a nosotros para exigir al gobierno de Irán que termine su búsqueda de muerte y destrucción. Es hora de que el régimen libere a todos los estadounidenses y ciudadanos de otras naciones que han detenido injustamente. Y sobre todo, el gobierno de Irán debe dejar de apoyar a los terroristas, comenzar a servir a su propio pueblo y respetar los derechos soberanos de sus vecinos.

El mundo entero entiende que la buena gente de Irán quiere el cambio, y que, además del vasto poder militar de los Estados Unidos, al pueblo de Irán es a lo que más temen sus líderes. Esto es lo que hace que el régimen restrinja el acceso a Internet, destruya las antenas parabólicas, dispare a estudiantes manifestantes desarmados y encarcele a reformistas políticos.

Los regímenes opresores no pueden perdurar para siempre, y llegará el día en que el pueblo iraní tendrá que elegir. ¿Seguirán por el camino de la pobreza, el derramamiento de sangre y el terror? ¿O el pueblo iraní volverá a las raíces orgullosas de la nación como un centro de civilización, cultura y riqueza donde su pueblo pueda volver a ser feliz y próspero?

El apoyo del régimen iraní al terrorismo constituye un marcado contraste con los recientes compromisos de muchos de sus vecinos para combatir el terrorismo y detener su financiamiento.

En Arabia Saudita a principios del año pasado, tuve el gran honor de dirigirme a los líderes de más de 50 naciones árabes y musulmanas. Acordamos que todas las naciones responsables deben trabajar de conjunto para enfrentar a los terroristas y al extremismo islamista que los inspira.

Detendremos el terrorismo radical islámico porque no podemos permitir que destruya nuestra nación y, de hecho, destruya el mundo entero.

Debemos negar a los terroristas refugio seguro, tránsito, financiamiento y cualquier forma de apoyo a su vil y siniestra ideología. Debemos expulsarlos de nuestras naciones. Es hora de poner al descubierto y responsabilizar a los países que apoyan y financian a grupos terroristas como Al Qaeda, Hezbollah, los talibanes y otros que asesinan a personas inocentes.

Estados Unidos y nuestros aliados estamos trabajando juntos en todo Oriente Medio para aplastar a los terroristas perdedores y detener el resurgimiento de refugios seguros que usan para lanzar ataques contra toda nuestra gente.

El mes pasado, anuncié una nueva estrategia en aras de lograr la victoria en la lucha contra este mal en Afganistán. A partir de ahora, nuestros intereses de seguridad dictarán la duración y el alcance de las operaciones militares, y no los puntos de referencia arbitrarios y los calendarios establecidos por los políticos.

También he cambiado totalmente las normas de participación en nuestra lucha contra los talibanes y otros grupos terroristas. En Siria e Irak, hemos experimentado grandes avances con respecto a la permanente derrota de ISIS. De hecho, nuestro país ha logrado más contra ISIS en los últimos ocho meses que en muchísimos años juntos.

Buscamos frenar la escalada del conflicto sirio y una solución política que honre la voluntad del pueblo de Siria. Las acciones del régimen criminal de Bashar al-Assad, incluyendo el uso de armas químicas contra sus propios ciudadanos, incluyendo a niños inocentes, sacuden la conciencia de toda persona decente. Ninguna sociedad puede estar a salvo si se permite la propagación de armas químicas prohibidas. Es por eso que Estados Unidos realizó un ataque con misiles en la base aérea que ejecutó el ataque.

Apreciamos los esfuerzos de los organismos de las Naciones Unidas que prestan asistencia humanitaria vital en las zonas liberadas del ISIS, y agradecemos en particular a Jordania, Turquía y el Líbano por su desempeño en la acogida de refugiados del conflicto sirio.

Estados Unidos es una nación compasiva y ha gastado miles y miles de millones de dólares para apoyar este esfuerzo. Buscamos un enfoque para el reasentamiento de refugiados que esté diseñado para ayudar a estas personas terriblemente tratadas, y que permita su eventual retorno a sus países de origen, para ser parte del proceso de reconstrucción.

Por el costo de reasentar a un refugiado en los Estados Unidos, podemos ayudar a más de 10 en su región de origen. Por la bondad de nuestros corazones, ofrecemos asistencia financiera a los países de acogida de la región, y apoyamos los recientes acuerdos de las naciones del G20 que tratarán de acoger a refugiados lo más cerca posible de sus países de origen. Este es el enfoque seguro, responsable y humanitario.

Durante décadas, Estados Unidos ha enfrentado desafíos migratorios aquí en el Hemisferio Occidental. Hemos aprendido que a largo plazo la migración incontrolada es profundamente injusta tanto para los países emisores como para los receptores.

Para los países emisores, reduce la presión interna para llevar a cabo la necesaria reforma política y económica, y los drena del capital humano necesario para motivar e implementar dichas reformas.

Para los países receptores, los costos sustanciales de la migración no controlada son asumidos mayoritariamente por ciudadanos de bajos ingresos cuyas preocupaciones son a menudo ignoradas tanto por los medios de comunicación como por el gobierno.

Quiero reconocer la labor de las Naciones Unidas al procurar abordar los problemas que conllevan a las personas a huir de sus hogares. Las Naciones Unidas y la Unión Africana dirigieron misiones de mantenimiento de la paz en el aporte de contribuciones invaluables para estabilizar los conflictos en África. Estados Unidos continúa liderando al mundo en asistencia humanitaria, incluida la prevención y el alivio de hambrunas en Sudán del Sur, Somalia, el norte de Nigeria y Yemen.

Hemos invertido en mejores condiciones de salud y oportunidades en todo el mundo a través de programas como Pepfar, que financia el alivio del SIDA; la Iniciativa Presidencial contra la Malaria; la Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial; el Fondo Mundial para poner fin a la esclavitud moderna; y la Iniciativa de Financiamiento para Mujeres Emprendedoras, como parte de nuestro compromiso de empoderar a las mujeres en todo el mundo.

Agradecemos también –(aplausos)–agradecemos también al Secretario General por reconocer que las Naciones Unidas deben reformarse si quieren colaborar de manera eficaz en el enfrentamiento a las amenazas a la soberanía, la seguridad y la prosperidad. Con demasiada frecuencia, esta organización no se ha concentrado en los resultados, sino en la burocracia y en los procesos.

En algunos casos, los estados que buscan subvertir los nobles objetivos de esta institución se han apoderado de los mismos sistemas que supuestamente los promueven. Por ejemplo, constituye un motivo masivo de vergüenza para las Naciones Unidas que algunos gobiernos con registros de derechos humanos atroces se encuentran en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Estados Unidos es uno de los 193 países de las Naciones Unidas, y sin embargo, pagamos el 22 por ciento de todo el presupuesto y más. De hecho, pagamos mucho más de lo que cualquiera pudiera notar. Los Estados Unidos tienen una carga injusta de costos, pero, en honor a la verdad, si realmente pudiera lograr todos sus objetivos declarados, especialmente el objetivo de la paz, esta inversión fácilmente valdría la pena.

Una parte importante del mundo se encuentra en conflicto y algunos, de hecho, van camino al infierno. Pero las personas poderosas que se encuentran en esta sala, bajo la dirección y los auspicios de las Naciones Unidas, pueden resolver muchos de estos atroces y complejos problemas.

El pueblo estadounidense espera que un día no muy lejano las Naciones Unidas puedan ser un defensor mucho más responsable y efectivo de la dignidad humana y la libertad en todo el mundo. Mientras tanto, creemos que ninguna nación debería soportar una parte desproporcionada de la carga en términos militares o financieros. Las naciones del mundo deben asumir un papel más importante en la promoción de sociedades seguras y prósperas en sus propias regiones.

Es por eso que en el Hemisferio Occidental los Estados Unidos se han opuesto al corrupto régimen desestabilizador en Cuba y ha abrazado el sueño perdurable del pueblo cubano de vivir en libertad. Mi Administración anunció recientemente que no levantaremos sanciones al gobierno cubano hasta tanto no haga reformas sustanciales. También hemos impuesto sanciones duras y calibradas al régimen socialista de Maduro en Venezuela, que ha llevado a la que fuera una nación próspera al borde del colapso total.

La dictadura socialista de Nicolás Maduro ha infligido un terrible dolor y sufrimiento al buen pueblo de ese país. Este régimen corrupto destruyó una nación próspera al imponer una ideología fallida que ha traído consigo pobreza y miseria en todas partes donde se ha probado. Para empeorar aún más la situación, Maduro ha desafiado a su propio pueblo, al robar el poder a sus representantes elegidos para preservar su desastroso mandato.

El pueblo venezolano está muriendo de hambre, y su país está colapsando. Sus instituciones democráticas están siendo destruidas. Esta situación es completamente inaceptable, y no podemos permanecer pasivos y observar.

Como vecino y amigo responsable, nosotros y todos los demás, tenemos un objetivo: ayudarlos a reconquistar su libertad, recuperar su país y restaurar su democracia. Quisiera agradecer a los líderes en esta sala por condenar al régimen y brindar un apoyo vital al pueblo venezolano.

Los Estados Unidos han tomado medidas importantes para exigir responsabilidades al régimen. Estamos preparados para tomar nuevas medidas si el Gobierno de Venezuela persiste en su camino hacia la imposición de un gobierno autoritario al pueblo venezolano.

Tenemos la suerte de contar con relaciones comerciales increíblemente fuertes y saludables con muchos de los países latinoamericanos reunidos aquí hoy. Nuestro vínculo económico constituye una base fundamental para hacer avanzar la paz y la prosperidad de todos nuestros pueblos y todos nuestros vecinos.

Pido a todos los países hoy aquí representados que se preparen para hacer frente a esta verdadera crisis. Hacemos un llamado a la restauración plena de la democracia y las libertades políticas en Venezuela. (Aplausos)

El problema en Venezuela no es que el socialismo haya sido mal implementado sino que el socialismo ha sido implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, donde quiera que se ha adoptado el verdadero socialismo o comunismo, se ha generado angustia, devastación y fracaso. Aquellos que predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de las personas que viven bajo estos crueles sistemas.

Los Estados Unidos apoyan a toda persona que viva bajo un régimen brutal. Nuestro respeto a la soberanía es también un llamado a la acción. Todos los pueblos merecen un gobierno que vele por su seguridad, intereses y bienestar, incluyendo su prosperidad.

En los Estados Unidos, buscamos lazos más fuertes de negocios y comercio con todas las naciones de buena voluntad, pero este comercio debe ser justo y debe ser recíproco.

Durante demasiado tiempo, se dijo al pueblo estadounidense que los grandes acuerdos comerciales multinacionales, los tribunales internacionales irresponsables y las poderosas burocracias mundiales eran la mejor manera de promover su éxito. Sin embargo, a medida que esas promesas fluían, millones de empleos se desvanecieron y miles de fábricas desaparecieron. Otros trucaban el sistema y rompían las reglas. Y nuestra gran clase media, que alguna vez fuera la base de la prosperidad estadounidense, fue olvidada y abandonada; pero ya no se les olvida ni se les olvidará nunca más.

Mientras Estados Unidos busca la cooperación y el comercio con otras naciones, renovamos nuestro compromiso con el primer deber de cada gobierno: el deber para con nuestros ciudadanos. Este vínculo es la fuente de la fortaleza de los Estados Unidos y la de cada nación responsable representada aquí hoy.

Si esta organización abriga la esperanza de enfrentar con éxito los desafíos que tenemos ante nosotros, dependerá, como dijera el Presidente Truman hace unos 70 años, de la «fuerza independiente de sus miembros». Si queremos aprovechar las oportunidades del futuro y superar juntos los peligros presentes, no puede haber sustituto para las naciones fuertes, soberanas e independientes, naciones que están arraigadas en sus historias y comprometidas con su destino; naciones que buscan aliados para establecer lazos de amistad, no enemigos para conquistar; y lo más importante de todo, las naciones que son el hogar de los patriotas, de los hombres y mujeres que están dispuestos a sacrificarse por sus países, por sus conciudadanos, y por todo lo mejor del espíritu humano.

Al recordar la gran victoria que condujo a la fundación de este organismo, nunca debemos olvidar que los héroes que lucharon contra el mal también lucharon por las naciones que amaban.

El patriotismo llevó a los polacos a morir para salvar a Polonia, a los franceses a luchar por una Francia libre y a los británicos a mantenerse fuertes por Gran Bretaña. Hoy, si no nos entregamos, con nuestros corazones y nuestras mentes en nuestras naciones, si no construimos familias fuertes, comunidades seguras y sociedades saludables para nosotros, nadie puede hacerlo por nosotros.

No podemos esperar por alguien más, por países distantes o por burócratas lejanos –no podemos hacerlo. Debemos resolver nuestros problemas–, construir nuestra prosperidad, asegurar nuestro futuro, o seremos vulnerables a la decadencia, la dominación y la derrota.

La verdadera pregunta para las Naciones Unidas hoy día, para las personas de todo el mundo que esperan una vida mejor para ellos y para sus hijos, es fundamental: ¿Seguimos siendo patriotas? ¿Amamos a nuestras naciones lo suficiente como para proteger su soberanía y asumir el control de su futuro? ¿Los veneramos lo suficiente como para defender sus intereses, preservar sus culturas y asegurar un mundo pacífico para sus ciudadanos?

Uno de los más grandes patriotas estadounidenses, John Adams, escribió que la Revolución estadounidense fue «efectuada antes que la guerra comenzara. La Revolución estaba en las mentes y los corazones de las personas».

Ese fue el momento en que Estados Unidos despertó, cuando miramos alrededor y entendimos que éramos una nación. Nos dimos cuenta de quiénes éramos, qué valorábamos y en defensa de qué daríamos nuestras vidas. Desde sus primeros momentos, la historia de Estados Unidos es la historia de lo que es posible cuando las personas toman el control de su futuro.

Los Estados Unidos de América han sido una de las mayores fuerzas del bien en la historia del mundo y los más grandes defensores de la soberanía, la seguridad y la prosperidad para todos.

Ahora llamamos a un gran despertar de naciones, al renacer de sus espíritus, su orgullo, su pueblo y su patriotismo.

La historia nos pregunta si estamos a la altura de la tarea. Nuestra respuesta será una renovación de la voluntad, un redescubrimiento de la resolución y un renacimiento de la devoción. Tenemos que derrotar a los enemigos de la humanidad y liberar el potencial de la vida misma.

Nuestra esperanza es una palabra y un mundo de naciones orgullosas e independientes que abracen sus deberes, busquen la amistad, respetan a los demás y hagan causa común en el mayor interés compartido de todos: un futuro de dignidad y paz para los pueblos de esta maravillosa Tierra.

Esta es la verdadera visión de las Naciones Unidas, el antiguo deseo de cada pueblo y el anhelo más profundo que vive dentro de cada alma sagrada.

Así que hagamos de esta nuestra misión, y que este sea nuestro mensaje al mundo: Lucharemos juntos, nos sacrificaremos juntos, y estaremos juntos por la paz, por la libertad, por la justicia, por la familia, por la humanidad y por el Dios todopoderoso que nos creó a todos nosotros.

Gracias. Dios los bendiga. Dios bendiga a las naciones del mundo. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Muchas gracias. (Aplausos)

martes, 18 de julio de 2017

DIEGO DE SILVA Y MENDOZA, CONDE DE SALINAS (1565-1630)

Don Diego de Silva y Mendoza, Conde de Salinas, nace en Madrid en 1565 y muere a los sesenta y cinco años, en 1630, conociendo, por consiguiente, los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Hijo de Ruy Gómez de Eboli, a lo largo de su vida desempeña altos cargos en la monarquía hispana, culminando su carrera administrativa con el nombramiento de Virrey y Capitán General de Portugal, en 1616.
 Muy celebrado en su época y siempre citado de manera insuperable, considerado uno de los más grandes poetas del primer barroco castellano.

NI EL CORAZÓN, NI EL ALMA, NI LA VIDA

Ni el corazón, ni el alma, ni la vida
os entregué, señora, enteramente,
lo que de esto padece y lo que siente
quiso dejar conmigo la partida.

Parte es del fuego a vos restituída
lo tímido, lo hermoso y lo luciente;
lo claro, vivo, puro y más ardiente,
¡no hay partir que del alma lo divida!

Los asombros, congojas y cuidados,
ardientes ansias y encogidos hielos
con que continuamente me persigo,

esto no va con vos, em mí ha quedado;
lágrimas tristes que penetran cielos,
éstas corren tras vos, de mí y conmigo.


UNA, DOS, TRES ESTRELLAS, VEINTE, CIENTO

Una, dos, tres estrellas, veinte, ciento,
mil, un millón, millares de millares,
¡válgame Dios, que tienen mis pesares
su retrato en el alto firmamento!

Tú, Norte, siempre firme en un asiento,
a mi fe sera bien que te compares;
tú, Bocina, con vueltas circulares,
y todas a un nivel, con mi tormento.

Las estrellas errantes son mis dichas,
las siempre fijas son los males míos,
los luceros los ojos que yo adoro,

las nubes, en su efecto, mis desdichas,
que lloviendo, crecer hacen los ríos,
como yo con las lágrimas que lloro.

Las caras

Cansado 

Enojado
sonriendo

miércoles, 12 de julio de 2017

Poesía Ossián de James Macpherson


El bardo escocés Ossián, un antiguo poeta ciego del siglo III que dedicó su vida a cantar las gestas de su padre, el guerrero Fingal, y de los demás héroes de su tiempo.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, poesía  Ossián causaba furor en toda Europa. Napoleón llevaba sus poemas a todas partes (incluyendo los campos de batalla), Ingres pintó un famoso cuadro sobre él, Goethe incluyó fragmentos de la obra del escocés en su Werther, los jóvenes artistas del movimiento alemán Sturm und Drang tomaron a Ossián como maestro, Chateaubriand hablaba maravillas de él y lo comparaba con Homero. Las mejores cabezas de la época se rindieron a sus pies y admiraron su primitivismo, que para ellos era sinónimo de pureza. Amaban a Ossián porque lo consideraban verdadero y auténtico.
Lástima que se tratara de una falsificación, posiblemente de la mayor impostura de la historia de la literatura.

Todo empezó cuando un escritor escocés llamado James Macpherson (1736-1796) dijo haber descubierto fragmentos de un antiguo poema en gaélico escrito por Ossián, un personaje del que nadie había oído hablar con anterioridad. Publicó en 1760 su supuesta traducción al inglés de esos pocos versos, que fueron recibidos con ardiente entusiasmo porque caían en el terreno abonado del naciente nacionalismo escocés y de las añoranzas primitivistas que muchos cultivaban por entonces, desde Rousseau a los prerrománticos. Tuvieron tanto éxito estos textos, en fin, que curiosamente al año siguiente Macpherson tuvo la extraordinaria suerte de encontrar el poema entero de Ossián, que tradujo y publicó; y en 1763, como seguía de moda, volvió a descubrir y sacar otra obra del bardo.

Abusó tanto de sus supuestos hallazgos que, a esas alturas, ya había bastantes intelectuales británicos que le consideraban un fraude. El gran enciclopedista Samuel Johnson denunció su impostura repetidas veces, y Macpherson, para defenderse de las críticas, enseñó por primera vez pequeños fragmentos de los manuscritos originales de Ossián. Esto es lo que más me fascina de Macpherson: que llegara a falsificar los manuscritos, a envejecer cueros y pergaminos, a fabricar pruebas ficticias. Por entonces no se disponía de una tecnología fiable para verificar la autenticidad de los objetos antiguos, pero los especialistas desconfiaron enseguida de los manuscritos, entre otras cosas porque utilizaban un gaélico que no se correspondía con la época de Ossián. Al parecer, Macpherson no dominaba el idioma.

Aunque en Inglaterra crecía la polémica, en Europa, como antes dije, Ossián era traducido, leído con fervor y consagrado como una figura enorme y verdadera. Hasta finales del siglo XIX, es decir, hasta cien años después de la muerte de Macpherson, no se probó de manera indiscutible que Ossián no había existido y que los poemas eran en parte un refrito de antiguos versos y en su mayoría un completo invento del supuesto traductor, de manera que el embeleco duró cerca de 150 años y torrefactó en el entretanto las cabezas de varias generaciones de artistas e intelectuales de primer orden.
 Luego ha habido en la literatura otras imposturas semejantes, pero ninguno de estos engaños ha llegado a la altura y la influencia de las obras de Ossián.
Por una parte admiro a los creadores de estas mentiras. El hecho que Ossián no existieran no anula la belleza literaria de las obras de Macpherson. Lo que me inquieta y me repugna es que, curiosamente, todos estos impostores siempre escriben libros en reivindicación de la pureza, de la autenticidad, de la honestidad. Mienten como bellacos en aras de la veracidad y la transparencia. Tal vez se pueda extraer cierta enseñanza de todo esto: hay que desconfiar de los puros. Al final suelen ser los más mentirosos, los más fraudulentos y los más indignos.

Nota histórica

De los poemas de Ossian de James Macpherson 

 Ossian pretende ser una traducción de un ciclo épico de poemas escoceses de las edades oscuras tempranas. Ossian, bardo oculto, canta de la vida y de las batallas de Fingal, guerrero escocés. Ossian causó una sensación cuando fue publicado en el cusp de la era de revoluciones, y tenía un impacto cultural masivo durante los décimo octavos y diecinueveavo siglos. Napolean llevó una copia en batalla; Partes traducidas Goethe de él; la ciudad de Selma, Alabama fue nombrada después del hogar de Fingal, y uno de Ingres las pinturas más románticas y más cambiantes, el sueño de Ossian (arriba) fue basado en él. James Macpherson demandó que Ossian fue basado en un manuscrito gaélico antiguo. Había apenas un problema. 
La existencia de este manuscrito nunca fue establecida. De hecho, desemejante de Irlanda y de País de Gales, no hay manuscritos de la oscuro-edad de poemas épicos, de cuentos, y de chronicles y así sucesivamente de Escocia. No es que no existieron tal poesía y saber escoceses antiguos, él era puramente oral justo en naturaleza. No mucho de él fue confiado a la escritura hasta que estaba en el borde de la extinción. Hay manuscritos y los libros escoceses en existencia hoy que fechan desde el  siglo 12 (algo con los desechos de la poesía en ellos), pero están principalmente en temas tales como religión, genealogía, y concesiones de la tierra

miércoles, 14 de junio de 2017

Discurso de Donald Trump dio tras prestar juramento como el presidente 45 de Estados Unidos.

Este es el discurso completo que Donald Trump dio tras prestar juramento como el presidente 45 de Estados Unidos.


“Presidente de la Corte Suprema de Justicia (John) Roberts, presidente (Jimmy) Carter, presidente (Bill) Clinton, presidente (George W.) Bush, presidente (Barack) Obama, compatriotas y gente del mundo: gracias.

Nosotros, ciudadanos de Estados Unidos, nos hemos unido ahora en un gran esfuerzo nacional para reconstruir a nuestro país y para restaurar su promesa para todo nuestro pueblo.

Juntos, definiremos el rumbo de Estados Unidos y del mundo en los años que vendrán. Enfrentaremos retos. Afrontaremos dificultades. Pero haremos el trabajo.

Cada cuatro años, nos reunimos en estos escalones para realizar una transferencia pacífica y ordenada del poder, y estamos agradecidos con el presidente Obama y con la primera dama Michelle Obama por su amable ayuda durante esta transición. Han sido magníficos.

La ceremonia de hoy, sin embargo, tiene un significado muy especial. Porque hoy no solamente estamos transfiriendo el poder de un gobierno a otro, o de un partido a otro, estamos transfiriendo el poder de Washington para devolvérselo a ustedes, ciudadanos estadounidenses.

Por mucho tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación se ha beneficiado de las recompensas del gobierno, mientras la gente ha asumido el costo. Washington floreció, pero la gente no compartió esa riqueza. Los políticos prosperaron, pero se perdieron trabajos y las empresas cerraron. El establecimiento se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país.

Las victorias de ellos no fueron sus victorias; los triunfos de ellos no fueron sus triunfos; y mientras ellos celebraron en la capital de nuestra nación, las familias con dificultades económicas tenían poco que celebrar en todo nuestro país.

Todo eso cambia aquí mismo y ahora mismo, porque este momento es su momento: les pertenece a ustedes. Les pertenece a todos los que se reunieron hoy aquí y a todos los que lo ven a lo largo de Estados Unidos.

Este es su día. Esta es su celebración.

Y este, Estados Unidos de América, es su país.

Lo que de verdad importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino que nuestro gobierno sea controlado por la gente.

El 20 de enero del 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a controlar esta nación.

Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados. Todo el mundo los escucha ahora. Ustedes vinieron por decenas de millones de personas para ser parte de un movimiento histórico que el mundo nunca ha visto.

En el centro de ese movimiento hay una creencia fundamental: que una nación existe para servirles a sus ciudadanos.

Los estadounidenses quieren grandes escuelas para sus hijos, barrios seguros para sus familias y buenos trabajos para ellos mismos. Son las demandas justas y razonables de personas rectas.

Pero para muchos de nuestros ciudadanos existe una realidad diferente: madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestros centros urbanos; empresas oxidadas y dispersas como lápidas en todo el territorio nacional; un sistema educativo lleno de dinero, pero que priva a nuestros bellos y jóvenes estudiantes del conocimiento, y el crimen, las pandillas y las drogas que han robado muchas vidas y le han arrebatado a nuestro país un enorme potencial.

Esta masacre estadounidense se detiene aquí mismo y ahora mismo.

Somos una nación y su dolor es nuestro dolor. Sus sueños son nuestros sueños y sus éxitos serán nuestros éxitos. Compartimos un corazón, un hogar y un destino glorioso.

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El juramento que presté hoy es un juramento de obediencia a todos los estadounidenses.

Por muchas décadas hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria estadounidense; subsidiado las armas de otros países, mientras permitíamos la reducción y el deterioro de nuestro ejército; defendimos las fronteras de otras naciones, mientras nos negamos a defender las nuestras, y gastamos billones de dólares en el exterior mientras la infraestructura de Estados Unidos se deterioró y cayó en mal estado.

Hicimos ricas a otras naciones mientras la riqueza, fortaleza y confianza de nuestro país desapareció del horizonte. Una a una, las empresas cerraron y dejaron nuestras costas, sin pensar en los millones y más millones de trabajadores estadounidenses que dejaron atrás.

La riqueza de nuestra clase media fue sacada de sus hogares y luego redistribuida a lo largo del mundo entero.

Pero ese es el pasado y ahora solo estamos mirando hacia el futuro. Estamos reunidos hoy aquí para expedir un nuevo decreto que debe ser escuchado en cada ciudad, en cada capital extranjera y en cada pasillo del poder. De hoy en adelante, una nueva visión gobernará nuestra tierra. Desde este momento, solo Estados Unidos será primero.

Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, relaciones exteriores, será tomada para beneficiar a los trabajadores estadounidenses y a las familias estadounidenses.

Debemos proteger nuestras fronteras de las devastaciones de otros países que hacen nuestros productos, roban a nuestras empresas y destruyen nuestros trabajos. La protección nos llevará a una gran prosperidad y fortaleza.

Lucharé por ustedes con cada respiración de mi cuerpo y nunca, nunca los dejaré caer.

Estados Unidos comenzará a ganar de nuevo, ganará como nunca antes lo ha hecho.

Recuperaremos nuestros trabajos. Recuperaremos nuestras fronteras. Recuperaremos nuestra riqueza. Y recuperaremos nuestros sueños.

Construiremos nuevas vías, y autopistas, y puentes, y aeropuertos, y túneles, y vías férreas a lo largo de nuestra maravillosa nación. Sacaremos a nuestra gente de la ayuda social y la regresaremos al trabajo, reconstruyendo nuestro país con manos estadounidenses y trabajadores estadounidenses.

Seguiremos dos reglas simples: compra estadounidense y contrata estadounidense.

Intentaremos ser amigos y mostrar buena voluntad con las naciones del mundo, pero lo haremos en el entendido de que todas las naciones tienen derecho a poner sus intereses primero.

No buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, preferimos que brille como un ejemplo a seguir para todos.

Reforzaremos viejas alianzas y formaremos nuevas y uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo radical islámico, que vamos a erradicar completamente de la faz de la tierra.

En la base de nuestras políticas seremos totalmente leales a los Estados Unidos de América, y a través de nuestra lealtad a nuestro país, redescubriremos nuestra lealtad con los demás.

Cuando abres tu corazón al patriotismo, no hay espacio para el prejuicio.

La Biblia nos dice: "Que bueno y agradable es cuando el pueblo de Dios vive unido".

Debemos hablar abiertamente, debatir nuestros desacuerdos honestamente, pero perseguir siempre la solidaridad. Cuando Estados Unidos está unido, Estados Unidos es totalmente imparable.

No debe haber miedo, estamos protegidos, y siempre estaremos protegidos. Estaremos protegidos por los hombres y mujeres grandiosos de nuestro ejército y por las fuerzas policiales y, más importante aún, estamos protegidos por Dios.

Finalmente, debemos pensar en grande y soñar con algo mucho más grande.

En Estados Unidos entendemos que una nación solo vive mientras se esfuerce.

No aceptaremos a políticos que solo hablen y no actúen, que se quejen constantemente pero nunca hagan nada al respecto. El tiempo de los mensajes vacíos llegó a su fin. Ahora llega la hora de la acción.

No permitan que nadie les diga que no puede llevarse a cabo. Ningún reto puede contra el corazón, el esfuerzo y el espíritu de Estados Unidos. No fracasaremos. Nuestro país crecerá y será próspero de nuevo.

Nos encontramos ante el nacimiento de un nuevo milenio, listos para descifrar los misterios del espacio, para liberar a la Tierra de las miserias de las enfermedades y para aprovechar las energías, industrias y tecnologías del mañana.

Un nuevo orgullo nacional nos va a guiar, hará que levantemos la mirada y curará nuestras divisiones. Es tiempo de recordar esa vieja sabiduría que nuestros soldados jamás olvidarán: que no importa si somos negros, cafés o blancos, todavía tenemos la misma sangre roja de los patriotas, todavía todos disfrutamos de las mismas libertades gloriosas y todos saludamos la misma y grandiosa bandera estadounidense.

Y si un niño nace en la expansión urbana de Detroit o en las llanuras azotadas por el viento de Nebraska, mirará el mismo cielo nocturno, llenará su corazón con los mismos sueños y respirará gracias al mismo Creador todopoderoso.

Así que a todos los estadounidenses, en cada ciudad cerca o lejos, pequeña o grande, de montaña a montaña y de océano a océano, aquí están palabras:

Nunca más serán ignorados.

Su voz, sus esperanzas y sus sueños definirán nuestro destino estadounidense. Y su coraje y bondad y amor nos guiará por siempre en el camino.

Juntos, haremos que Estados Unidos vuelva a ser fuerte.

Haremos que Estados Unidos vuelva a ser próspero.

Haremos que Estados Unidos vuelva a ser orgulloso.

Haremos que Estados Unidos vuelva a ser seguro de nuevo.

Y sí, juntos haremos que Estados Unidos sea grande de nuevo.

Gracias, Dios los bendiga y Dios bendiga a Estados Unidos".